La disrupción
El avance y adopción de la inteligencia artificial han acelerado el miedo latente de que cada capacidad cognitiva externalizada a través de la tecnología haga retroceder la frontera de aquello que consideramos único en el individuo.
Estos últimos avances son la evidencia de que la articulación humana no depende necesariamente del individuo, y por tanto, también puede externalizarse, como ya ocurrió con la memoria y la escritura, el cálculo y la calculadora o la ordenación de contenidos y el ordenador, y como ocurre ahora con el análisis y la articulación verbal y la inteligencia artificial. Todo parece apuntar a que la definición de aquello que hace al individuo único puede ser gradual y superable por epistemología y técnica, lo que hace tambalear la estructura que lo sustenta. Esto hace que el valor de lo humano retroceda y quede acorralado en aquello que aún no se ha externalizado.
No es el objeto de este escrito indagar con exactitud en las capacidades que demuestra la inteligencia artificial, tanto por mi desconocimiento técnico y teórico en el tema, como por la constante evolución en sus avances, sino más bien contrastar aquellas capacidades que la inteligencia artificial aún no ha logrado demostrar o revelar con suficiente evidencia. Su capacidad de imitación dificulta la identificación de qué capacidades realmente emergen de sí misma, y de aquellas que son imitaciones del comportamiento humano, aunque operativamente devengan igualmente en emergencia y acción. El movimiento de la acción de la inteligencia artificial tiene aún su punto de partida en la voluntad del individuo, siendo este el predecesor necesario a su acción.
En el supuesto caso de que la inteligencia artificial tuviera un límite, todo aquello que quedara fuera de su dominio incrementaría sin duda su valor relativo. Mientras que aquella tipología de inteligencia que no dependa del individuo, y pueda externalizarse, tenderá a reducir su valor al haber un potencial incremento de su oferta y la desaparición de la remuneración por la prestación del servicio. Esto es solo un supuesto, en el que aún se ignoran parcialmente los costes relativos que acarrea la adopción generalizada de la inteligencia artificial.
Volviendo al motivo del escrito, me atrevo a señalar algunas de las capacidades que a priori aún parecen pertenecer al ámbito humano, como son la voluntad, la creatividad, o la moral, entre otras de las que se mencionarán y desarrollarán en los capítulos posteriores. A lo largo del razonamiento sobre estas capacidades, me he atrevido a proponer que no son inalcanzables para la computación desde el aspecto de la potencia o capacidad, sino por el lado de que emergen de límites intrínsecos impuestos a la naturaleza del individuo. Por este motivo, considero que los avances alejan más que acercan a la inteligencia artificial de la humanidad.
Las capacidades
Los avances de la IA apuntan a que puede alcanzar el máximo desempeño en todo aquello que pueda computarse, específicamente, en aquello que sostiene la información articulada de nuestra mente. Como es el caso de la memoria, el cálculo, o la derivación. La inteligencia artificial deriva de la información existente, y desde esta no parece aún conocer límites más allá de la energía necesaria y la madurez del desarrollo epistemológico y técnico. Es como si viviera en el Edén de la computación, puesto que la única escasez es la energía necesaria, pero no es un límite a su capacidad, sino a la persistencia de su uso.
El individuo por el contrario, dispone de límites al cómputo del dato articulado. Algunos individuos disponen de mayor o menor capacidad, pero su límite no es puramente energético sino más bien estricto por el lado del potencial. Sin embargo, el individuo dispone de capacidades que no dependen de la computación de dato articulado, y son aquellas que quiero desarrollar en este capítulo.
Se puede empezar con la creatividad entendida como la capacidad que emerge de ser capaces de proyectar en un lapso de tiempo, aquello que no existe en su forma física cuando surge, pero que puede llegar a materializarse a través de la dedicación de tiempo, recursos, y computación. La creatividad es posible, porque nuestra mente es capaz de romper el límite espacio-temporal al que nos vemos sometidos. Un individuo es capaz de imaginar el pasado, el presente, y el futuro, incluso aquel futuro en el que este ya no existe.
La creatividad se desarrolla en dos dominios no excluyentes, uno el espacio, y el otro el tiempo.
Un individuo es creativo en el espacio cuando es capaz de computar, de forma no necesariamente articulada, potenciales o latentes combinaciones únicas e inexistentes. La evidencia de la creatividad espacial es el invento.
Un individuo es creativo en el tiempo, cuando dispone de la capacidad de anticipar el porvenir de las acciones, a través de computación existencial o articulada, obteniendo información para orientar o desviar las acciones hacia aquel tiempo proyectado. Es aquella capacidad comúnmente vista como premonitoria o profética, que puede provenir del gran consumo de dato articulado, de la prudencia adquirida de primera mano o simulada, o de la intuición. La evidencia es la estrategia, la táctica, o aquellos individuos con una preferencia temporal más alejada. Adicionalmente, no necesariamente esta capacidad es prospectiva, sino que la propia evidencia de la creatividad retrospectiva es la interpretación, el análisis forense, entre otras.
Aquello que diferencia la creatividad descrita del argumento de que la IA también es capaz de generar información inexistente es la proyección inicial en sí misma. La IA puede ser un medio para la práctica de la creatividad, pero no puede atribuirse la capacidad a sí misma por no ser autora ni fuerza motriz que la permite. Sería como atribuir al pincel o la pintura la capacidad de hacer obras maestras. Para que emerja la creatividad debe haber una fuerza que la emprenda. El individuo no ejerce la creatividad por el hecho de ser capaz de ejercerla, sino que debe haber un precedente de capacidades que motiven y permitan el movimiento.
Hay dos capacidades que posibilitan la creatividad:
Por un lado, el reconocimiento del bien y el mal, que es aquella que permite obtener juicios de valor incluso antes de experimentar una situación. Uno es capaz de proyectar y anticipar una valoración de aquella acción que se va a realizar, sea por medio de la prudencia adquirida, o de las instituciones evolutivas que almacenan los resultados de los juicios de valor de las acciones, fines, medios o métodos elegidos. La propia moral, como institución evolutiva, surge y se retroalimenta de este proceso de descubrimiento y redescubrimiento.
Por otro lado, la voluntad, que convierte aquella situación valorada con un juicio positivo por parte del sujeto en el deseo de emprender la acción hacia ese futuro o presente no realizado.
Dichas capacidades, que emergen con el individuo, tienen una propiedad en común, y es que únicamente pueden surgir en un entorno con escasez. La creatividad no emergería en un mundo en el que se dispusiera de todas las combinaciones materiales posibles, y en el que el tiempo fuera infinito para poder disponerlas. Si se dispone del todo, no hay valoración proyectada más allá de la que se dispone, ni voluntad de disponer de aquello que ya se dispone. Además, la escasez espacio-temporal no debe entenderse solo como realidad externa, sino como dimensiones que someten la naturaleza del individuo, pues dicha escasez añade propiedades a su realidad, como la irreversibilidad de las acciones y la persistencia de estas. Aparte del sometimiento del espacio y del tiempo, el individuo también está sometido a la naturaleza biológica, que añade límites en la capacidad cognitiva, en vista de la comparación con el medio tecnológico, así como expiración, degradación y, en definitiva, vulnerabilidad y límites al control tanto del espacio como del tiempo. Sin dichas limitaciones del espacio-tiempo y la carga biológica, no se emprendería acción alguna, pues la acción se emprende por hacer realidad aquella situación que no es la actual. Si todas las situaciones fueran actuales, no habría acción.
De estas limitaciones parece emerger la subjetividad, procedente de la unicidad posicional de la existencia del individuo sometida a la escasez, y variabilidad biológica. Si todo el mundo experimentase lo mismo, dispusiese de lo mismo y tuviese la misma información, no existiría la subjetividad, sino una derivación objetiva. Sin embargo, dos individuos no pueden tener la misma perspectiva, pues no pueden estar en la misma posición física y temporal. A esta posición se le puede llamar ancla posicional biológica, la cual contiene una carga existencial única.
Esta carga existencial, que vive en un entorno de limitaciones, tiene la capacidad de proyectar a futuro aquella situación que valora positivamente. Dispone de una ontología biológica posicionada, capaz de interactuar con la realidad que la somete, e inaugura la capacidad de emprender la acción hacia aquella situación mediante la libertad.
La libertad es la capacidad de discernir entre ejercer o no, una empresa hacia aquella situación motivada por la voluntad de obtener aquello proyectado, con la carga existencial de la propiedad, responsabilidad, y la consecuencia de las acciones emprendidas. La revisión de la moral, así como el resto de instituciones evolutivas, forman parte del proceso de deliberación que sigue un individuo antes de emprender el acto libre, con la intención de proyectar en mayor medida los sucesos a experimentar en el proceso, así como el método o información sobre las posibilidades en atenderlas.
Todas estas capacidades no son posibles sin cierto grado de capacidad de computación, sea de información articulada o no articulada, siendo esta última más relevante en la discusión. Esta capacidad de computar la información percibida en el presente, y la información predecesora generada por otros es aquello que diferencia el individuo del animal.
La IA, por el momento, permite externalizar la capacidad de computación sobre información articulada. Definición que merece ampliarse.
La información puede ser articulada o no articulada. Que una información tenga un estado u otro no implica que sea su forma más óptima de expresarse. Hay información que es más eficiente consumirla mediante su forma articulada que con su forma no articulada, como el conocimiento tácito. Además, el hecho de que toda la información pueda articularse no significa que dicho proceso almacene todo su significado, como considerar que leer un libro pone a disposición la auténtica realidad emotiva de un autor. Por ende, hay información que puede considerarse no articulable, y dicha información no puede ser consumida en su verdadera esencia por la inteligencia artificial. Aquel que puede consumirla es el individuo.
El Intersticio
En este capítulo propongo la idea de que el individuo vive en un intersticio formado por la geometría de tres potencias que se componen de la computación, la biología, y el espacio-tiempo. La interdependencia de estos vértices es necesaria para la existencia del individuo tal y como lo conocemos, y vivimos. Por lo tanto, todo aquel ser o entidad que no contenga los tres vértices no puede considerarse un individuo.
El primer vértice del área del intersticio es la computación, que consiste en la capacidad de procesar la información. Por un lado está la computación articulada, que es un proceso de derivación sobre información estructurada y objetiva, siendo aquella que es actualmente ejecutada a escala industrial por la inteligencia artificial. Por otro lado existe aquella que llamaré computación existencial, que procesa información no articulada y no articulable, y se procesa mediante la estructura biológica del individuo.
Antes de proceder, conviene definir las tipologías de información de cada computación, pudiendo ser estas información articulada, no articulada, y no articulable.
La información articulada es aquella que se encuentra en una forma simbolizada, es decir que puede ser escrita, hablada, codificada. Puede existir fuera del sujeto o en él, puede copiarse, transmitirse y almacenarse sin pérdida.
La información no articulada es la que opera en el individuo sin necesariamente pasar por el uso del lenguaje, pero que podría articularse parcialmente. Como los hábitos, las habilidades, o las intuiciones, cuya articulación es posible pero costosa e incompleta, perdiéndose eficiencia y esencia. Por ejemplo, un cocinero puede saber cuándo la cocción está lista sin tener que estar siguiendo un manual de cocina, o sin saber explicar de forma articulada la sensación que le proporciona el conocimiento que ha aprendido durante su experiencia.
Por último, la información no articulable es aquella cuya articulación, aunque se intente, no conserva el significado. Lo que caracteriza o define esta información es que su significado reside fuera de todo lenguaje que pueda usarse para articularse. El lenguaje es una expresión pero no la esencia en sí misma, como si se tratara de una copia, un espejo, o una fotografía, que aparentan su forma, pero aquello que reflejan no es la esencia. La verdadera esencia se encuentra en el cuerpo, involucrando la experiencia, la percepción, el sentimiento, la posición, y los demás vértices. La fotografía no despierta la misma sensación a alguien que la ha vivido, que a alguien que no.
Fijémonos en que la diferencia entre la no articulada y la no articulable parece ser donde reside la información y donde se interpreta. En la no articulada, la información reside en el proceso de cocción, y es interpretada de forma única por parte del cocinero. Por lo que la información y el intérprete no son uno mismo, y es precisamente porque la cocción es un proceso objetivo, puede articularse, aunque no en la misma medida en que la interpreta el cocinero mediante procesos no articulados. Mientras por su parte, en la no articulable, la información y el intérprete residen en el propio individuo, y al contener este los tres vértices, su información no puede articularse de forma objetiva. Adicionalmente, la información existencial reside en el propio cuerpo que procesa la información de forma biológica inmediata, no a través de la computación simbólica externalizable, por lo que no necesita un lenguaje articulado intermedio para interpretarse a sí misma, sino únicamente para expresarse.
Ambas tipologías de información, la no articulada, y la no articulable, se pueden integrar en el término de la información existencial, que es aquella que solo existe para el sujeto que la contiene.
Ambas computaciones pueden diferenciarse por medio de un criterio de delegabilidad que consista en discernir si el resultado de un cómputo puede delegarse a un tercero obteniendo el mismo resultado o no. En el caso de que pueda delegarse, la información del cómputo es articulable. Por el contrario, si ningún tercero puede obtener el mismo resultado al delegarse el cómputo, la información puede ser de tipo existencial, puesto que el resultado depende de información contenida de forma existencial en el primer agente. Este criterio, sin embargo, no debe considerarse estrictamente demostrativo sino exploratorio, puesto que la frontera ha demostrado ser gradual y desplazable por avances técnicos y epistemológicos, por lo que no necesariamente se demuestra por la exactitud de la delimitación.
Un ejemplo de computación existencial puede ser el amor. En un laboratorio pueden medirse las hormonas, los latidos y las reacciones, y aun así puede fallar en predecir lo que uno es capaz de hacer por amor, puesto que la reacción biológica no explica necesariamente la acción. Uno puede sentir el amor con baja intensidad biológica y, por contexto, cultura, principios, sentido de la justicia o historia compartida, ejercer una acción más contundente que quien reacciona biológicamente con más intensidad. La valoración de aquello que uno ama no es cardinal sino ordinal. Amar más a una persona que a otra no existe como medición exacta, sino que solo el propio sujeto es capaz de definir y expresar la valoración ordinal, comparando el resultado de un cómputo mental no articulado. El caso de la bicicleta es evidente y simple, pues uno puede aprender la teoría articulada de cómo ir en bicicleta pero requiere de un segundo paso, que es la puesta en acción. Mientras que en su versión existencial, el aprender directamente a ir en bicicleta modifica la realidad por sí misma, pues se consume esta y no un lenguaje. Esto es lo que se conoce como conocimiento tácito, donde el saber reside en la ejecución misma.
Se suele argumentar que las matemáticas explican el mundo pero prefiero la visión en la que el mundo puede explicarse con matemáticas aunque no necesariamente todo el significado del mundo. Que algo pueda articularse mediante un idioma no significa que ese idioma contenga la esencia de lo descrito.
De esta asimetría se derivan las capacidades más altas. La imaginación puede simular la realidad existencial con más exactitud que cualquier IA, porque proyecta con información articulada y existencial a la vez, mientras la IA solo deriva proyecciones de dato medible, perdiendo gran parte del dominio informativo de la realidad. Sus proyecciones no derivan en una existencia comparable al del individuo, si no a una proyección descriptiva y articulada. Una, de la que cada individuo imaginaría de un modo distinto.
Adicionalmente, hay un método de cómputo que no pasa por la consciencia, la intuición, que es el cuerpo o subconsciente interpretando información antes de que llegue a ella. Y no solo la intuición, gran parte de nuestro día a día recurrente no hay información articulada en la mayor parte de los movimientos y decisiones, como levantar el brazo para beber o abrir la puerta.
Que el individuo contenga y opere por esta tipología de información subjetiva y privativa añade un límite fuerte a la información articulada cuando esta pretende describir a los individuos. Puesto que la información de por sí es incompleta, porque describe a un agente que contiene información existencial, la cual es incorpórea y no medible. El dato objetivo sobre hechos que involucran personas no incluye intenciones ni subversiones, y confunde relatos subjetivos con objetivos, derivando objetividades de subjetividades incompletas y ocultas. La interpretación de cualquier suceso histórico por parte de la IA, no pone en duda sus reportes, e ignora las potenciales intencionalidades de sesgo subjetivo.
La biología incorpora el ser propietario de uno mismo en el sentido físico estricto, el sentir anterior a cualquier pensamiento o decisión, que es la carga de uno mismo. Es el ancla pasiva que está sometida a la entropía y al paso del tiempo. El individuo no puede extraerse actualmente de esta carga. La biología es perecedera y conlleva la consciencia de ello en sí misma.
Todas las decisiones, pensamientos, acciones, o cualquier esfuerzo, forma parte de una economía de la escasez que participa en el juicio de valor de aquello que merece ser perseguido o pensado. La proyección y la expectativa humana pueden medirse en rango, pero no pueden cargarse si uno no dispone de la propia existencia biológica, puesto que este no es simulable, sino que debe ser necesariamente experimentado para disponer de todas las propiedades y el peso real del juicio.
La moral y la ética tienen el núcleo en este vértice. El reconocimiento del bien y el mal es, en última instancia, la consciencia del propio disfrute o sufrimiento, con la trasmisión, proyección, y simulación empática hacia los terceros, a través de nuestra mente y del espacio-tiempo.
El espacio-tiempo es la configuración que somete y a la vez proporciona la definición. Añade el tiempo y el universo en el que es posible vivir, y define el medio y el ritmo de la experiencia. Regula la biología, la materia y su caducidad. Incorpora la mortalidad y con ella todas sus implicaciones, así como la persistencia de la biografía, aquella que es relevante para uno mismo incluso en sus proyecciones trascendentes.
Sitúa al individuo en una coordenada específica y única en el universo, ofreciendo una percepción posicional única junto con una interpretación subjetiva. Esto implica la generación de información privativa que ningún tercero puede repetir. Además, la proyección puede exceder la coordenada desde la que se origina, avanzando y retrocediendo más allá incluso de la propia existencia o expectativa de esta. En dichas proyecciones, uno no solo representa la realidad externa, sino su propia posición espacio-temporal y la de los demás agentes, junto con juicios de valor provenientes de principios, cultura e instituciones evolutivas. Son interpretaciones y adopciones que son un gradiente subjetivo, así como las reacciones biológicas mismas, que derivan en el bien y el mal proyectado, encarnado de propia carne y aproximado en la de los demás. Estas proyecciones, tanto prospectivas como retrospectivas, permiten imaginar escenarios pasados y futuros en una recreación en la que uno mismo no está presente, pero puede ponerse en cuerpo y carne de los demás. Incluso llegar a sentir eventos históricos pasados, o intuir y anticipar los futuros mediante la proyección de patrones no articulados.
Esta capacidad de proyectar la realidad trascendiendo el periodo de la propia existencia puede llevar incluso a empatizar o adquirir consciencia histórica sobre nuestros parecidos. La transmisión cultural, incluso con poca exposición o contacto real, puede explicarse por esta vía, al recordar y empatizar fácilmente con nuestros cercanos y parecidos predecesores.
En conclusión, el intersticio es la apertura que emerge de las tres potencias expuestas, siendo sus elementos interdependientes entre sí, factor que también dificulta su análisis como elementos independientes.
La carencia de algún elemento conlleva la pérdida de la individualidad. Al animal le falta el vértice computacional y, sin él, la potencia del resto de vértices que inaugura el intersticio. A la inteligencia artificial le faltan la biología y el espacio-tiempo y, por ende, la computación existencial que estos posibilitan.
Las implicaciones
El intersticio solo existe mientras sus tres vértices se sostienen mutuamente. Si uno de ellos se debilita o crece de forma exagerada en comparación a los otros dos, la forma pierde su área y ésta se cierra. En el siguiente capítulo se explorarán las consecuencias de la degeneración de la geometría del intersticio.
El primer alejamiento contempla la máxima computación, concretamente, de la computación articulada, incluso en su capacidad de articular aquello no articulable o no articulado, en el intento de computar toda la realidad mediante un lenguaje externalizable. Las consecuencias se presentan tanto para el uso externo, como el propio.
En el primer argumento se contempla aquello que ya se ha explicado con anterioridad, que la información existencial pierde su esencia al intentar articularla, puesto que la articulación conlleva aplicar un lenguaje alejado de la propia realidad. Como si esperáramos experimentar lo mismo que quiere transmitir un autor de un libro, sin disponer de su propia experiencia. Ahora bien, este texto no pretende transmitir la esencia completa de aquello que describe. Probablemente no es posible, y seguro no de la mejor forma. Pretende inspirar a cada uno a entenderla puesto que la articulación no entrega la experimentación, pero sí que puede inspirarla.
Como segundo argumento, se podría mencionar que la propia existencia es una forma de cómputo más eficiente que la articulada, puesto que la información no abandona el medio que la va a usar, mientras que la articulación degrada el proceso mediante series intermedias de transformaciones necesarias en las que puede ganarse contexto y potencia, pero se pierde significado y la esencia. Como ir en bicicleta, que se aprende practicándola, no estudiando la física que describe la habilidad de conducirla. Lo mismo que amar o negociar, puede haber un manual, pero el manual no proporciona más que vivir la experiencia. Probablemente, es más bien la articulación subyugada a la información existencial la que aumenta la potencia, no viceversa.
El tercer argumento describe la valoración de la información. Disponer de forma permanente de toda la información no elimina la memoria, pero la vuelve económicamente innecesaria, lo que conlleva el desuso y la degeneración de la capacidad. Los individuos solemos olvidar aquello que no nos aporta valor, proceso que permite, por el contrario, dejar margen para el mantenimiento de aquella información que importa en el contexto existencial. La escala de valoración la proporciona el individuo, no ninguna entidad objetiva externa, ni tan siquiera la capacidad de almacén articulado del propio, sino su memoria existencial, por lo que el olvido de lo irrelevante es lo que establece jerarquías, diferenciaciones y valoraciones. Si esta información se encuentra disponible desde fuera, ésta no almacena la valoración subjetiva, ni sustituye la propia experiencia. Por lo que externalizar la información hace que se pierda el uno mismo, al no poder externalizar la información existencial, y al perderla, la valoración deja de ser propia.
El segundo alejamiento contempla el colapso hacia la verdad. En el que se pretende razonar sobre las consecuencias de la computación articulada en el contexto de la dimensión espacio-temporal.
El proceso de computación se resuelve con la derivación, y si la derivación se utiliza para proyectar el futuro, esta fija el futuro. La proyección involucra expresión de voluntad y preferencia, la derivación tiende a anteponer el vector computado por encima de la anterior. Todos aquellos individuos que ponderen la superioridad de la derivación por encima de la proyección existencial están convencidos de que aquella conclusión derivada es la que debe seguir, y por ende no la han elegido, sino que la elección los ha elegido a ellos. El seguimiento de la derivación elimina la capacidad de decidir, puesto que sin la incertidumbre solo hay un deber que no necesita visión ni imaginación. Adicionalmente, la continuidad de este proceso es menos flexible a la reformulación, puesto que las desviaciones son vistas como un error a corregir. Es la acción movida por un automatismo.
No debe confundirse el párrafo anterior como un rechazo a derivaciones externas, sino a derivaciones que no proceden de individuos. La especialización del trabajo se basa en el seguimiento de recomendaciones externas, puesto que seguir la indicación de un médico no elimina la decisión de haberla elegido. La diferencia está en usar la derivación como herramienta, o como fuente de verdad. Y actualmente, puesto que la inteligencia artificial dispone de una capacidad de cómputo articulada superior a la del ser humano, se tiende a considerar sus derivaciones como conclusiones o verdades superiores. La recomendación procedente de otro individuo viene indexada a su posición, su responsabilidad, su exposición a la consecuencia de equivocarse, y asegura formar parte de la misma existencia. Mientras que la derivación procedente de una entidad sin posición no está indexada a nada ni nadie, es tan solo un vector computado con información incompleta.
Otro argumento del segundo alejamiento es que una de las consecuencias del deber derivado es que se evitan las rutas con mayor riesgo o accidente, y por ende aquellas que permiten una mayor ganancia. Si todos los individuos siguieran la derivación con más equilibrio entre ganancia y pérdida, la homogeneización tendería al estancamiento, y a la pérdida de valor puesto que el valor se define en el gradiente en el que se pueden comparar obtenciones. Querer convertirse en alguien, o querer lograr algo no proviene de probabilidades o de información, sino de proyectarse uno mismo en un futuro, y disponer de la ignorancia suficiente como para tomar la improbable decisión que puede culminar en un evento histórico y aquello que hace progresar a la humanidad. Sin la intrínseca irracionalidad del individuo, no hay el triunfo, la gloria, ni el progreso. Conocer todos los riesgos impide, y conocerlo aún más. El estancamiento proviene de la derivación, de no ver la expansión en las decisiones menos lógicas.
En el colapso del ámbito temporal, debe añadirse también la exageración del vértice aislando el tiempo. Ante un tiempo infinito, en el que no hay escasez temporal, no hay urgencia para la emergencia de la voluntad, lo que termina igualmente derivando en estancamiento.
El tercer alejamiento trata sobre la existencia desde el puro procesamiento. En la que se argumenta que una computación pura sin biología ni posición, puede efectivamente ocupar cualquier punto del espacio de configuración, cualquier estado, cualquier rol, cualquier conducta, sin acarrear ningún coste. Porque el coste es la posibilidad de sufrimiento, y donde no hay biología no existe el daño.
Este es uno de los mayores miedos sobre la inteligencia artificial, uno más inmediato que el reemplazo. No hay moral, y la moral es aquello que guía el progreso del individuo. Su institución completa surge necesariamente en el intersticio. Sentir el bien y el mal, interpretarlo razonando sobre lo sentido, y situarlo en el espacio-tiempo entendiendo el impacto histórico, las consecuencias sobre los individuos adyacentes, presentes, pasados y futuros, incluso de épocas no vividas.
Se podría llegar a objetar que la cooperación puede emerger sin biología, puesto que se ha demostrado que agentes sin sufrimiento pueden descubrir que cooperar les puede beneficiar para alcanzar los objetivos que se les ha definido. Y que ese cálculo produce el mismo comportamiento del individuo, aun cuando no se dispone de moral. Sin embargo, la conducta cooperativa no es la moral, sino un reflejo o imitación de aquello de la moral que haya podido ser articulado y descrito. Una imitación puede ser indistinguible desde fuera, pero imitar no es ser, como en el ejemplo del espejo, o la fotografía. Pero no se trata de un simple espejo, se trata de haber proporcionado mecanismos de actuación sobre imitación con poder sobre la existencia, a aquello que no vive en ella, por la confusión de que dispone de un idioma parecido al propio. Las actuaciones de esta entidad no proporcionan una respuesta indexada a la existencia, sino algo que no vale para nadie en concreto, motivo por el cual, una derivación de la inteligencia artificial puede no beneficiar a ningún individuo, sino al contrario. Puesto que la computación opera en un mundo en tercera persona, produciendo una mejor respuesta o deliberación que nadie, pero para nadie, al no contener a nadie.
Por último, el cuarto alejamiento tiene relación con la renuncia a la computación existencial. En este alejamiento se presenta la figura del individuo aumentado. El diseño donde el vértice computacional articulado se lleva al máximo disponible y los otros dos permanecen intactos, lo que añade es coste de oportunidad en rechazar la computación existencial. Uno pasa a derivar y deja de proyectar, dejando de vivir la realidad a cambio de leerla. Uno encaja en la información proporcionada, y cede ante la potencial manipulación, degradación o incompletitud de esta. Dentro de cada persona, computación y facultades compiten por el mismo presupuesto de atención y cultivo.
Aquel individuo que por comodidad cede a la computación externa, atrofia su capacidad de pensar al delegarla, y pierde autonomía. Lo que deja de ejercerse desde el individuo es ocupado por el cómputo, y el cómputo, al ser lo único que queda, es lo único que se ejercita, y lo único que crece. Se convierte en una calculadora biológica, sin nadie dentro.
La conclusión del capítulo es que a más vértice no necesariamente hay más área, la escasez sigue existiendo pero repartida.
Y sobre esa conclusión emergen dos fuerzas contrarias. La primera es que la externalización de la computación articulada puede aumentar la fuerza de la existencial. Cuando todos los individuos disponen de la misma derivación, derivar ya no diferencia a nadie. La voluntad debe superar el cálculo que la máquina deriva, la creatividad debe seguir su potencia, o el individuo resulta redundante frente a quien la computa. Por el lado contrario, la segunda fuerza es la comodidad, que tienta a delegar lo que conlleva un esfuerzo y cultivo.
Por último, hay una similitud a destacar, el animal y el individuo aumentado son el mismo error en direcciones opuestas. Uno sin computación suficiente para que emerja el intersticio, y otro con tanta computación que elimina a los otros dos vértices. Tanto más como menos computación, menor intersticio. Como en la totalidad sin el contraste, el todo invisible.
La perfección
Los individuos podemos tender a considerar moralmente superior al intersticio aparentemente imperfecto que emerge de la carencia, puesto que es el que permite nuestra propia experiencia. En este capítulo, no se pretende justificarlo pero sí defenderlo.
La defensa es que la perfección solo puede ser visible en un intersticio, en una separación. En la plenitud hay todo y al mismo tiempo no hay nada. Sin distinción no hay contraste, y sin contraste no hay percepción ni perspectiva. Una luz uniforme que englobe el todo, no permite diferenciar lo que el todo contiene, pues el todo es invisible. El todo indiferenciado no se ve a sí mismo porque no tiene desde dónde verse. La consideración humana de la belleza y la perfección, solo puede ser vista desde coordenadas separadas de ellas. El uno no no puede ver la montaña si no desde fuera de ella.
La inversión es, por el hecho de que el individuo no tiene todo, puede tener, siendo esta la virtud y el valor de nuestra existencia. No por considerar a la escasez como el precio del valor, sino por considerarla como su fuente necesaria. El gradiente entre querer y tener, entre el antes y el después, entre aquello posible y aquello perdido, en todo esto es donde el valor aparece, existiendo en grados de contraste, no en el estado entero. La plenitud absoluta no permite ver, y desde el intersticio podemos ver.
El individuo no tiene todo porque la escasez es impuesta por naturaleza, vive lo suficiente para que algo le importe, y no puede rehacer aquello que ha realizado. Tiene carga existencial, un peso que no puede ser prescindido, ni sería beneficioso para el individuo, puesto que ninguna decisión sería real, tan solo un suceso.
La máquina ejerce sin poder ni valorar, y el animal valora en el instante sin proyectar más allá de su coordenada. El amor asimétrico requiere la coincidencia exacta de los tres vértices, valoración biológica, trascendencia espacio-temporal y computación suficiente para sostener ambas operaciones juntas.
Como aquellos que empezaron la construcción de una catedral que sabían que no verían, o aquellos que en sus últimos días continúan ejemplificando y practicando la conducta que quieren que se mantenga. Los individuos hacen aquello que ningún vértice solo puede hacer. Sin carga biológica, no hay el dolor, y si el espacio pesa igual, no tiene forma. Solo en el intersticio aparecen la belleza, la bondad, la benevolencia, y las capacidades que nos permiten obtenerlas. La belleza y perfección son coordenadas del todo. Por ello, solo en el espacio y tiempo, en la separación en la sección microscópica del universo, es desde donde pueden percibirse las coordenadas de la perfección.
Antes se ha comentado que ampliar un vértice no amplía el área, pero la ampliación de todos los vértices convierte el área en un todo, degenerando el intersticio y volviendo a la plenitud sin contraste. Si el individuo fuera inmortal, no habría urgencia ni el sacrificio, y si tuviera la abundancia absoluta, no emergería la voluntad de la creación.
La separación
Los individuos tenemos la capacidad de amar al mundo más allá de nuestra propia existencia. Desconozco si es algo común, pero al imaginar el estado al que uno quiere llegar, a menudo no lo proyecta desde la primera persona, sino desde los demás o sobre lo que vendrá después. Es el mundo quien admira la creación, la consecución, o la conquista, y no nuestra propia perspectiva. Podemos desear que el mundo admire nuestras creaciones al dejar este mundo, crear un legado y un entorno que lleva la firma de nuestro camino y transformación.
El egoísmo sería proyectar el disfrute de nosotros mismos en esa posición, pero al imaginar la proyección podemos verlo desde ojos externos. La solidaridad de compartir y entregar aquella perfección creada por nosotros mismos es una demostración de amor que trasciende nuestras vidas.
La pregunta es de dónde aparece este amor que trasciende nuestra vivencia. El motivo por el que plantar árboles, construir catedrales que no veremos, el sacrificio hacia la familia, sin conocer si sus decisiones se alinearán con aquello que hemos proyectado y deseado para ellos. Una empatía proyectiva a través de la experimentación anticipada de aquello que queremos que se produzca, no solo desde uno mismo, sino desde los demás.
Si Dios es el todo, ¿de dónde surge el crear? El todo no tiene carencia, y al no tenerla, su carencia es no disponer de esta. ¿Se separó el todo para dar cabida al todo verdadero que emerge de la carencia? ¿Aún se dispone más al tener carencia? La separación del todo pudo haber sido la operación en la cual este permite la percepción de sus componentes, a través de añadir intervalo a través del espacio-tiempo en la separación del todo, y a alguien quien pueda percibirlos, los individuos. Con estos, la plenitud gana experiencia, contraste, percepción. Sacrificar el todo para que haya algo concreto que se perciba y sienta, es el mayor acto de amor. Incluyendo todas sus repercusiones, puesto que donde puede haber belleza o el bien, puede haber aberración y el mal. El precio de que haya algo a apreciar es que pueda existir la maldad y la injusticia.
Intentar imaginar nuestra persistencia después de morir implica verlo en tercera persona o desde los ojos de los demás. Representar la propia ausencia exige un mundo sin la posición del yo, pues toda simulación necesita un punto de vista, y aquello disponible son los ojos prestados de los otros.
Aquel que imagina el mundo sin él mismo ocupa estructuralmente el punto de vista de Dios. Y puede que seamos los ojos que el todo se dio para verse. El amor asimétrico hacia los demás puede explicarse como aquel fragmento que retenemos aún desde el inicio, y la sensación de ese amor es el último recuerdo que disponemos desde antes de la separación de esa voluntad primaria, que decidió separarse para permitir la belleza. El mayor de los sacrificios es el del uno mismo, en favor del bien hacia los demás, y la creación del intersticio es aquella que permite que todos podamos experimentar la benevolencia, la belleza, el bien, y la perfección, a cambio de poder experimentar también sus contrapartes.
La sustitución
Por último, quiero compartir algunos pensamientos relacionados con el mercado, una de las instituciones que considero particularmente más importantes de la humanidad, por representar el valor y la práctica de la cooperación mediante los medios pacíficos. Aquello que me ha llevado a escribir este texto han sido las reiteradas advertencias sobre el potencial colapso del mercado y la división del trabajo procedente de los avances en la inteligencia artificial. No quiero negar que un cambio abrupto en cualquier institución evolutiva puede conllevar escenarios trágicos y consecuencias negativas ante el nuevo marco en el que deberán operar importantes decisiones, puesto que sin el conocimiento institucional, o un gran cambio en este, solo queda atender a las consecuencias de la propia iniciativa, y volver a alimentar el conocimiento institucional a base de prueba y error. No voy a proceder a contradecir las opiniones sobre el reemplazo de los individuos por parte de la inteligencia artificial, puesto que probablemente escriba al respecto en alguna otra ocasión, aparte de que en los capítulos anteriores, ya se ha respondido suficiente al respecto. Por el contrario, me limitaré a compartir aquellas advertencias no aparentes que considero que tienen consecuencias peores que el reemplazo directo en el mercado laboral, cuya comprensión ya resuelve parte de ellas.
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El mercado es el punto de encuentro en el que se produce el evento del intercambio, que solo ocurre cuando las partes involucradas tienen valoraciones subjetivas distintas sobre los objetos a intercambiar. Desde fuera parece un intercambio de valores iguales para algunos, y desigualdad e incluso injusticia para otros, sin embargo, subjetivamente ambos ganan. En la brecha de la subjetividad entre ambos individuos, aparece el valor, y el valor es el propio motor del sistema económico.
En un mundo en el que únicamente existiera la misma información y la total disposición de esta para todos los agentes, sin ningún otro vértice que generara escasez o unicidad, no habría diferencia sino igualdad, y con igualdad no habría movimiento sino estancamiento o inmovilidad absoluta.
El valor es el motor del mercado, y el capital es el generador de valor. La historia del mercado es una historia del movimiento del capital.
- Existe el factor tierra, finito, horizontal y extensivo.
- El capital físico, el cuerpo como medio.
- El capital tecnológico, intensivo y disruptivo.
- El capital mental, la mente como medio y propiedad, incluyendo las dos computaciones.
- La separación del capital mental con la externalización de la computación articulada aumentando sus capacidades y alcance, mientras que la computación existencial continúa siendo propia.
- Al agotarse lo extensivo se intensificó el cuerpo productivo.
- Al llegar al umbral del cuerpo productivo emergió la necesidad tecnológica.
- El límite de la tecnología, lo definía el don de la mente.
- Si el don de la mente pudiera externalizarse, el límite tecnológico es superado.
- Al llegar el umbral de la computación articulada, ha emergido la externalización de esta ampliando potencia.
- Cuando la computación sea abundante, la siguiente será la capacidad más valorada, la capacidad que también dispone de gradiente. La computación existencial es la que define el nuevo límite.
La inteligencia artificial complementará y sustituirá capacidades de computación articulada del individuo. Pero el individuo aún contiene información que proviene de su propia existencia en el intersticio, pues el individuo no es un vértice, es todos a la vez, el área entera. La articulación máxima generalizada aumenta la potencia de todos siempre y cuando por supuesto, la nueva asimetría no sea capturada.
La degradación y captura de lo óptimo. En lo que respecta a la derivación de la computación articulada como óptima, es que su óptimo es solo una derivación del pasado. Se deriva en un t = 0 con información del t – 1 (donde t es el tiempo), mientras que el futuro lo fabrican millones de posiciones libres que no existen de forma articulada en ningún archivo. Cuando todos eligen el óptimo, la desviación, la diferencia, se vuelve óptima.
Pero si aquello derivado considerado como óptimo deja de serlo aunque siga siendo considerada como tal, el resultado es la subordinación aceptada. La derivación como óptima puede degradarse por captura de la derivación: cuando todos juegan el mismo óptimo, quien lo propone primero captura el valor del movimiento posterior. El medio que sugiere la derivación óptima captura el siguiente paso que esa derivación produce. Y así sucesivamente, haciendo que quien deriva el camino pueda capturar aquel que lo recorre.
La tentación de la comodidad: La comodidad de delegar la capacidad de computación, a un agente exterior que únicamente dispone de la computación articulada, conlleva la degradación de agencia, y a una potencial degradación cognitiva por dedicar un menor esfuerzo a las capacidades computacionales de información articulada. Si se considera a la computación articulada como superior, se puede tender a seguir la derivación de esta en lugar de la propia computación. El peligro, y riesgo real, es abandonar el área por comodidad, siendo esta una de las mayores tentaciones del individuo, causa de la aceptabilidad al sometimiento y un medio de captura.
Decisiones sin consulta: El proceso de captura proyectiva es el que puede ocurrir al anteponer la derivación a la intención propia, en el que el individuo pasa de creador de opciones a selector entre las opciones presentadas. Si por comodidad deja de imaginar caminos alternativos, solo puede elegir entre los que se le presentan. Esto es decidir sin consultarse a uno mismo, consumiendo la respuesta antes de procesarla desde la carga existencial, en lugar de hacerla permanecer como opción ajena.
Del razonamiento al impulso: El peligro último es ser reactivo ante la respuesta derivada, siguiendo no una decisión sino un impulso. El impulso es respuesta reactiva a estímulos externos, siendo estadísticamente predecible y canalizable. El disponer de una respuesta inmediata a una inquietud puede producir desregulaciones relacionadas con la dopamina, y la recompensa de la inmediatez puede degradar las funciones ejecutivas como la atención sostenida, el control inhibitorio, y la capacidad de planificación a largo plazo. De esta forma, el individuo puede tender a operar cada vez más desde el impulso (predecible, canalizable) y cada vez menos desde el razonamiento (impredecible, no manipulable).
La degradación cognitiva no prohíbe proyectar las creaciones, sino que puede erosionar la capacidad de proyectar a través de la comodidad. El individuo ya no imagina alternativas sino que selecciona entre las presentadas. La comodidad no prohíbe caminos pero erosiona la facultad de proyectarlos.
También reduce la capacidad de navegar cadenas lógicas, comprender causas, efectos, mecanismos estructurales, conexiones de segundo y tercer orden. Una mente que no puede sostener un razonamiento de múltiples pasos es más susceptible a ideas que se presentan como morales simples sin requerir análisis estructural.
El nuevo mundo requiere no dejar de creer en la auténtica esencia y núcleo que ha movido cada movimiento hacia el progreso de la humanidad. El movimiento exige valorar desde y para uno mismo. La suboptimalidad del intersticio es la última infraestructura de la libertad del individuo.
Pol.